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Resumen
El documento consta de dos páginas fechadas en junio de 1981 que abordan aspectos políticos y diplomáticos relacionados con España. La primera página contiene un comunicado formal del Consulado General de España en Córdoba dirigido al Ministro de Asuntos Exteriores en Madrid, acompañado de un recorte de prensa del diario La Voz del Interior titulado "Positiva revisión de un acto irreflexivo", en referencia a un editorial sobre Iberoamérica. La segunda página analiza el fallido intento golpista del 23 de febrero de 1981 llevado a cabo por un oficial de la Guardia Civil para desestabilizar la democracia española. Se destaca la inquietud generada en España y Europa, la inicial minimización del episodio por parte del secretario de Estado estadounidense Alexander Haig, y el posterior y firme respaldo del Departamento de Estado mediante Lawrence Eagleburger, que fortaleció a las fuerzas democráticas y marginó a los sectores golpistas.
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824.3 Cór doba, 16 de Junio de 1981.- 44 328,2 (46)-1/9 CONSULADO GENERAL DE ESPAÑA ASUNTO: Remite recorte de prensa.- IBEROAMERICA No: 120 - Presburo. - Copia a O.J.D. F=2-7-81 23-VI-81. EXCMO. SEÑOR: Adjunto a V.E. un editorial de La Voz del Interior del pasado día 6 titulado "Positiva revisión de un acto irreflexivo".- Dios guarde a V.E. muchos años SALVADOR BLASCO LOPEZ CONSUL GENERAL DE ESPAÑA DIRECCION GENERAL DE POLITICA EXTERIOR PARA IDEROAMERICA ENTRADA Fecha 25 JUN. 1981 N.° 1305 EXCMO. SEÑOR MINISTRO DE ASUNTOS EXTERIORES MADRID 120 # LA VOZ DEL INTERIOR DIARIO INDEPENDIENTE DE LA MAÑANA Director: JORGE S. REMONDA-RUIBAL CORDOBA, SABADO 6 DE JUNIO DE 1981 empresa Sever (ex-Fiat) dispuso una # Positiva revisión de un acto irreflexivo El 23 de febrero último, un funambulesco oficial de la Guardia Civil intentó un tragicómico ensayo de desestabilización del régimen democrático español. La zozobra que vivieron el equipo ministerial y los diputados de las Cortes, amenazados de muerte por un grupo de desorientados miembros de la "Benemérita" llevados a protagonizar una aventura que habría sido absurda si detrás de ella no se avizorara la presencia oscura de la reacción, se propagó no solamente al resto de España sino que se extendió a una Europa Occidental que espera anhelante la consolidación de las instituciones de la democracia en España. Y repercutió en el resto del mundo, sobrecogido por la perspectiva de la reinstalación del autoritarismo en la gloriosa nación. En esas horas tensas, el secretario de Estado de los Estados Unidos, Alexander Haig, tuvo una actuación desventurada, al aseverar que el episodio que se vivía en la capital hispana era un asunto interno de los españoles. Como si la desestabilización política del reino no afectase, directa e indirectamente, a Occidente todo. Ciertamente, no fue aquella la única oportunidad en que el conductor de la diplomacia estadounidense revela un patético desconocimiento de lo que debe serle esencialmente inherente: la prudente ponderación de los hechos y sus perspectivas, cualidad fundamental de los grandes diplomáticos que en el mundo han sido. Felizmente, el Departamento de Estado ha demostrado en estos días una mayor prudencia en el juicio, una más exacta valoración de cuanto juega Occidente en la península. Si bien no ha sido por boca del propio Haig, por lo menos algunos de sus colaboradores inmediatos han tenido el buen tino de expresarse, clara y rotundamente, sobre cualquier ensayo futuro de quebrar el proceso de redemocratización. Lawrence Eagleburger, subsecretario de Estado para Asuntos de Europa ha sido reconfortantemente lúcido al expresar que su país "se opone y se opondrá con energía a cualquier intento de interrumpir el actual proceso político hispano". Desde luego, estas seguridades no servirán demasiado para disuadir a los sectores golpistas, pero fortalece considerablemente la posición de las fuerzas democráticas y, sobre todo, dan una exacta dimensión del aislamiento que padecerían los agentes de la reacción en caso de obtener éxito en alguna eventual embestida futura contra la democracia. Pero, indudablemente, la definición de Eagleburger tendrá un valor aún mayor al consigue convocar a la realidad a su propio superior, es decir, al temperamental y a veces irreflexivo Alexander Haig.